11/11/2020


Elefante Blanco con acento cordobés


Esta expresión refiere a aquellas posesiones cuyo costo de manutención es mayor a los beneficios que aportan. Existen múltiples situaciones donde este enunciado es aplicable; incluso acá, en nuestra Docta. Los cordobeses, durante años, hemos sido rehenes de los designios del SUOEM, las aspiraciones de sus dirigentes, y la incontable (y siempre en crecimiento) hueste de empleados municipales a quienes este sindicato estaría representando.

En esta dinámica, los ciudadanos quedamos relegados al rol de pávidos espectadores de este elefante en el bazar, que rompe todo a su paso cuando no logra sus demandas. Mientras nos toca pagar el mantenimiento del elefante, del circo y, “a posteriori”, enfrentar los destrozos que deja detrás.

Diferentes gestiones, a lo largo de las décadas pasadas, optaron por alcanzar acuerdos poco equitativos, con el fin de mantener una tregua con, hasta hace poco, el tan temido y poderoso sindicato de municipales. Distintos ejecutivos de la ciudad cedían, ante la presión gremial, a los reclamos siempre presentes, y crecientes, de incrementos salariales o beneficios especiales. Una larga lista de intendentes tuvo que enfrentarse a la non grata tarea de acordar o negociar con el sindicato, siempre en desigualdad, siempre medrosos de alterar al elefante y que avasallara sin control a la ciudad.

No obstante, nuevas tendencias parecen estar surgiendo y ganando fortaleza en nuestra tan tradicional Docta. Una amplia mayoría de ciudadanos aplaudió al actual intendente, Martín Llaryora, cuando despidiera, con sobrado motivo, al empleado que arremetió contra propiedad pública e individuos, con un mortero. El elefante blanco había recibido su primera herida en años.

El mundo vive un año de circunstancias atípicas y, para muchos, devastadoras. Los cordobeses esperan, y merecen, de sus autoridades y funcionarios, señales proactivas, que denoten liderazgo y aptitud para enfrentar la pandemia y la crisis económica e institucional en la que está envuelto todo el planeta. Por eso es tan relevante cuando, en una sociedad argentina acostumbrada y tan manoseada por el encubrimiento, la corrupción y la ilegalidad; vemos en Córdoba una toma de posición que acciona con prestancia y eficiencia ante un acto de violencia que afecta a los cordobeses. Un hecho que llama la atención y parece dar indicios de nuevos aires que vienen a aliviar a una ciudadanía cansada de tanto atropello.


Vivimos, actualmente, un mundo comunicacional, interconectado, donde la híper-información cambió los roles en las sociedades; dejando fuera paulatinamente (y cada vez a mayor velocidad) el arcaico modelo de “papá Estado”, reemplazándolo por nuevo formato donde “Somos Estado”.

Analizado políticamente, Llaryora asumió una jugada fuerte; sabe que el elefante dará batalla. En los próximos meses, los cordobeses estaremos en la primera fila, atentos a ver si este intendente se convertirá en el primero, en muchos, muchos años, en conseguir un Estado presente y direccionado, desde su Ejecutivo, a los intereses de los vecinos, priorizándolos por encima de los de un sindicato que lleva demasiado tiempo siendo un intocable Elefante Blanco.

El intendente en funciones parece comprender lo que se les escapa tanto al nivel nacional como provincial, a la hora de llevar adelante un adecuado manejo de la agenda pública: en la nueva sociedad, la comunicación y el liderazgo con claves para una administración exitosa.





Por Gastón Toro - Consultor Político



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