El voto popular venció a la política y la guerrilla

“¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación
del conflicto y la construcción
de una paz estable y duradera?"


Ante la sorpresa de mandatarios y espectadores de todo el mundo, este domingo Colombia votó "No" al pacto de paz que intentaba finalizar 52 años de conflicto con la guerrilla FARC.
Aunque 6.346.055 personas votaron por el "Sí", superando el umbral de votos requeridos para avalar el acuerdo, en una votación que contó con el 37,28% de participación, los 6.408.350 ciudadanos que se negaron definieron el destino del pacto.
El resultado de la votación de los 34,9 millones de colombianos sobre el acuerdo firmado el 26 de septiembre entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno de Juan Manuel Santos, evidenció un mal asesoramiento en cuanto al manejo de la información y aplicación de estrategias de comunicación.

Un mensaje más poderoso

Los colombianos aclamaban estar cansados de los asesinatos, extorsiones y secuestros de la FARC, pero se negaron a realizar concesiones, planteando lo “absurdo” de brindarle poder a la guerrilla después de los hechos de violencia sufridos en los últimos años. Aunque los últimos sondeos daban ganador al "Sí", un mensaje más poderoso tomó la iniciativa de los votantes, desplazando el emitido por el gobierno, en busca de paz.
Los planteos en contra del voto positivo, avalados de manera firme por el ex presidente Álvaro Uribe, tuvieron una mayor relevancia en la opinión pública.
"La paz es ilusionante, los textos de La Habana decepcionantes", declaró el ex mandatario y actual senador, para quien aceptar el acuerdo hubiese sellado el mismo destino “castrochavista” de Cuba y Venezuela para Colombia. Éste fue uno de los argumentos que, teniendo en cuenta la historia socio política del país, fueron de mayor peso para los ciudadanos que las promesas de “paz y olvido” de Santos.


Sin un Plan B

La preocupación no tardó en instalarse entre los partidarios del “Sí” al acuerdo, ya que desde el gobierno se reconoció “no tener un plan B”, en caso de que se votara de manera negativa.
Ante el fallo de la estrategia de comunicación para que los ciudadanos avalasen en pacto de paz, serán los jefes de la FARC quienes decidirán si siguen con el desarme, la reintegración y el cese el fuego. El acuerdo planteaba terminar el más antiguo conflicto armado de América, logrando que 5.765 miembros de FARC ingresaran a la política legal, presentando el desarme y reinsertándose en la vida civil, en un proceso de seis meses supervisado por las Naciones Unidas.
Los mandatorios no tuvieron en cuenta el resultado adverso que esta propuesta, transmitida de esta manera, generaría en un pueblo marcado por el dolor.


Comunicación fallida

Lo sorprendente de este hecho, fue la falta de planificación y asesoramiento en el manejo del “mensaje”, en una cuestión tan trascendental para Colombia. Si bien estas falencias comunicacionales se observan en el accionar de mandatarios de todo el mundo, este caso expuso la improvisación y poco conocimiento sociológico que poseen los gobernantes sobre sus pueblos.
La foto de los funcionarios de toda América en Cartagena en la firma del convenio de paz, no alcanzó a curar heridas de un pueblo que sufrió durante décadas el flagelo de esta guerrilla, y que no cambió de opinión con el mensaje enviado por el gobierno y la FARC.
Es preocupante que en pleno siglo 21, y con la hipercomunicación como centro, existan asesores que continúen creando malas estrategias con resultados adversos y peligrosos, como consecuencia de no comprender el manejo de la comunicación política y de no pensar en el pueblo, como el gran decisor.


Gastón Toro
Gerente General
Grupo Feedback SRL

 



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